La Arquitectura Como Metáfora, Hernán Salvo, 2012



La noche, la oscuridad, el misterio y la estampa de la ausencia parecen sobrevolar el campo de intuición en el que Hernán Salvo presiente sus obras.
El clima previo a la ejecución que define su arte permanece y genera una antesala que el espectador sensible puede captar.

La arquitectura, que el artista define como eje temático de sus obras, se materializa en grafito como una alegoría. Su lenguaje consolida una visión que no debimos perder, aquella que confirma que el vigor de colosales estructuras arquitectónicas se inserta en una esfera que flota en el universo.
Quizá por eso, el cine, sea el escenario elegido por este artista como soporte dentro del soporte, donde, parafraseando a Walter Benjamín, se estimula el trascender de la percepción. El rescate del efecto cinematográfico volcado a la plástica puede volvernos al calor de la realidad y a la trascendencia olvidada. En las diversas pantallas representadas en las telas, la imagen del cosmos y las perspectivas de poderosas ciudades se alternan con la aparición de un solitario árbol añejo tan poderoso como ellas. Una pantalla en blanco y otra que anuncia el fin reflejan el recorrido de este artista que, en el espacio interior, recupera la visión del paisaje inexpresable.
Si bien Salvo se reconoce en algún punto del realismo otras corrientes acompañan su obra, una suerte de falseo de la realidad enriquece la pintura y otorga fantasía a las piezas de volumen que construye como relicarios de escenas de la vida. Maquetas provistas de una atmósfera sostenida en el silencio, contienen en el volumen, el poder de la metáfora como origen y concreción de lo imaginado.

Harte, Erlich, Hopper y Hockney son algunos de los referentes en su carrera, un halo los anuncia como inspiradores y los aleja en el instante en que Salvo define su obra, marcando con holgura su independencia y su línea particular e inconfundible.

Grace Bayala, 2012