Espejos Urbanos, Sergio Castiglione, 2015



De la cartografía emocional

Puedo afirmar que al abrir este libro algo en uno y en el entorno empieza a modificarse, el volumen cautiva y seduce e invita a apartarse de la lectura como hecho cotidiano para redescubrir el sublime acto de leer. El recorrido sobre palabras e imágenes, fascinante ritual, toma cuerpo y poder a partir de la obra de Sergio Castiglione quien, desde su don creativo, ha decidido revivir el valor de lo más recóndito que aún habita en la imagen y en la palabra.

Este artista de la fotografía nos habla de la experiencia de observar, de los distintos puntos de vista, del enfoque desde el lugar atípico, de mirar para abajo para ver hacia arriba. Inspirado por el asombro, la comprensión y el arte de jugar, su métier es ahondar en lo que todos los días miramos pero nunca vemos. Habla de una fotografía con vida propia que lo impulsa a percibir el espacio, a realizar expediciones urbanas para descubrir íconos significativos y sorprenderse al verlos siempre de maneras distintas.

Captor sagaz de estímulos visuales, este arquitecto y amante de Buenos Aires diseñó una cartografía urbana emocional y temática que forma parte esencial de este libro.
Dividido en tres capítulos: la emoción, el paisaje y la trascendencia, la ciudad de Buenos Aires se potencia con la visión de este artista que hace posible que los mapas urbanos se definan no sólo por el rigor del límite de comunas sino que consientan recorridos sensibles que recuerdan a aquellos primeros mapas imperiales de las memorables líneas de Borges.

Como un cuaderno de bitácora el volumen tiene datos de los rumbos tomados, aunque también imágenes fotográficas que son mucho más que un reconocimiento del valor patrimonial y que han sido captadas en su idealidad a través de reflejos en el agua de un río, de una fuente, de un charco.

Como si esto no bastara, el corazón de Espejos Urbanos es también un espejo. Un cristal que nos permitirá abrir caminos en la lectura, potenciando el ver y nos permitirá imaginar y reproducir el “aquí y ahora” del instante fotográfico que en la voz de Walter Benjamín constituye la autenticidad de la imagen original. Un espejo que nos desafía a amplificar la visión y, por otro lado, nos enfrenta a nuestro propio letargo e inspira para volver a la actitud contemplativa, a correr el velo, quitar la cubierta y poner a la vista, aquello que presumimos invisible.

Acompañando las imágenes y en pequeños módulos poéticos, como en una celebración del arte y de la vida, el artista expresa su experiencia estética. Una manifestación serena y de equilibrada reserva verbal irrumpe en los silencios de las hojas del libro para impregnarlas de presente y referir los sitios de manera afectiva.

Espacios que se definen con la precisión del diccionario de la Real Academia Española pero, escogiendo deliberadamente sólo una acepción en cada caso, la más afín a la intención del autor, tan sólo la adecuada.

Buenos Aires vista a través del artista Sergio Castiglione es infinita, se acrecienta en sus reflejos y crea una nueva ciudad donde es imposible distinguir si la imagen lleva a la palabra o si es el verbo el que deviene en luz. Una metrópoli y un enigma constante.
Una ciudad-libro que ya ha sido abierta al universo para no cerrarse jamás.

Grace Bayala, 2015

Espejos Urbanos, Sergio Castiglione, para la exposición en Río de Janeiro, Brasil, 2013

El trabajo de Sergio Castiglione puede ubicarse en la línea de obras conceptuales ya que su atinado hacer va más allá de la expresión audiovisual de los aspectos formales de la realidad.

El autor esgrime una visión aguda y crítica a través de la cual parece cuestionar la lectura de algunos paradigmas. La inspiración poética lo enfrenta a su profesión de arquitecto y coloca a la estructura como médula de sus afanes y sus vacilaciones, subyace en su trabajo el cuestionamiento sobre los arquetipos que pretenden definir la arquitectura como eje fundacional de una nación. El artista se enfrenta a sí mismo y se yergue ante una dualidad que podría verse reflejada en la alegoría platónica del carro alado.

Una sutil estrategia es utilizada en la ejecución de la obra, el recurso de la distancia como táctica para la observación genera tensión y le permite hacer un detenido análisis y juicio de su núcleo de investigación. Fiel a su arte, no ejerce la mirada directa, sino que genera el alejamiento a través de lentes fotográficas que actúan como laboratorio para la observación crítica del focus de obra. Una segunda distancia está dada por el enfoque picado sobre agua que busca y halla un reflejo ilusorio de la realidad, generando una visión que apunta al interrogante más que a la respuesta.

Instalación fotográfica que vincula a la ciudad de Buenos Aires con la Nueva York, atrapa al espectador en un quimérico panorama de apariencia mimética para luego llevarlo a un punto de inquietud y perplejidad, aquél donde los planos se potencian sugiriendo las ilimitadas perspectivas de la infinitud.

Grace Bayala, 2013